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L.I.J. en euskara

Aunque los libros para el público infantil aparecieron ya hace siglos, el primer libro en euskera se escribió en 1803, y fue un catecismo; un año más tarde, se publicó el conocido libro de fábulas Ipui onac de Bizenta Mogel. Desde esa perspectiva cabe decir que la literatura infantil y juvenil en euskera es bastante reciente, pues su historia se remonta a dos siglos atrás. Pero junto a esa literatura escrita, tenemos la tradición oral, que en la cultura vasca nos viene de antaño y es muy rica; literatura que fue y es tanto para niños como para adultos, y que incluye cuentos, cantos, refranes, juegos, poemas, juegos de palabras, etc.

En cambio, en cuanto a la literatura escrita, la situación siempre ha sido muy diferente en las letras vascas, y dicha producción ha sido aún más reducida en la literatura infantil y juvenil hasta hace sólo unas décadas. A lo largo del siglo XIX son escasas las obras escritas en euskera para público infantil y juvenil, y la mayoría de ellas son colecciones de fábulas. En cambio, en las primeras décadas del s. XX se dieron pasos notables de cara a:

    - la traducción de conocidas obras foráneas (O. Wilde, Grimm, Schmid, El Lazarillo de Tormes...)

    - la recogida de colecciones de cuentos de tradición vasca (Supazter chokoan, Ixtorio-Mixterio, Amattoren uzta, etc.)

    - y finalmente la escritura de obras para lectores infantiles y juveniles (obras como Abarrak o Xabiertxo) o recuperados por ellos (por ejemplo, Pernando Amezketarra).

Tras las guerra de 1936-39 el euskara estuvo prohibido en el País Vasco Peninsular, y a consecuencia de ello, la producción fue, si cabe, más escasa por la situación política y cultural. Sin embargo, en dicha época se publicaron algunas obras significativas de la literatura infantil y juvenil, como Haur elhe (1944) de Oxobi, o Leoi-kumea (1948), escrita por Orixe para los niños pequeños, o las obras escritas y publicadas por Etxaide tanto para jóvenes como para adultos.

En la medida en que la literatura infantil y juvenil cobra cada vez más importancia a nivel internacional, en la medida en que la flexibilidad política es más amplia en el País Vasco peninsular, y, sobre todo, impulsado por el movimiento de las ikastolas que se va consolidando poco a poco, a partir de la década de los 60 se publicarán libros y revistas para el público infantil. Aún más, se comenzará a dejar de lado la finalidad educativa (tanto política como lingüísticamente) y se primará por primera vez el valor estético de la literatura. Notables ejemplos de lo dicho son el libro de cuentos Itchulingo anderea... (1963) y el libro de poemas Xoria Kantari (1965), ambos de Marijan Minaberri.

También en nuestro entorno se producen cambios, como la calidad debida a la editorial La Galera, o los álbumes de Père Castor, el nacimiento de la organización IBBY a nivel internacional, etc. Todo eso y la mayor libertad tras la muerte de Franco posibilitaron la evolución en la literatura infantil y juvenil a partir de 1980. Y es que estos últimos años se han publicado anualmente más libros que todos los publicados desde aquel primer libro de 1803 hasta 1980. Desde 1900 hasta 1980 se publicaron 321 obras; en cambio, desde 1980 hasta el 2000, fueron 4.436. Tras estos escuetos datos se oculta una gran revolución; no sólo una revolución que se refiere a las leyes del mercado (aumento de la producción, nacimiento de editoriales comerciales, gran número de lectores…), sino también una revolución literaria.

 

                       

 

A comienzos de la década de 1980-90, con las obras de los escritores Anjel Lertxundi, Bernardo Atxaga y Mariasun Landa se inicia la literatura infantil y juvenil vasca moderna. Por los temas, el tratamiento del texto, el uso del tiempo, la combinación/equilibrio entre realidad y fantasía, el carácter poético de los textos… se realiza en euskera una literatura nueva, moderna, contemporánea.

 

Al igual que entre los escritores, se dan cambios evidentes entre los ilustradores. Actualmente podemos encontrar entre los ilustradores vascos una calidad semejante a la que se percibe en las literaturas del entorno, y hay entre los ilustradores vascos nombres conocidos tanto en Euskal Herria como en el extranjero. Entre otros, y por mencionar sólo algunos, Mikel Valverde, Asun Balzola, Jokin Mitxelena, Elena Odriozola, Antton Olariaga…

                               

Por supuesto, la literatura realizada en una comunidad que cuenta sólo con 600.000 o 700.000 hablantes tiene sus límites, pero al mismo tiempo somos conscientes de que ha habido muchos cambios, de que avanzamos y de que nuestra literatura es cada vez más cuidada y atractiva. El futuro depende más de la calidad que de la cantidad, y en ese aspecto la literatura infantil y juvenil está realizando un gran esfuerzo por mejorar y darse a conocer.


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